Villa del Refugio. 11 de Mayo de 1907.

Ayer fue día de las Madres y en mi casa le festejamos a mi mamá y a mi abuelita. Entre todos mis hermanos y primos arreglamos el patio, barrimos y regamos las plantas para que se refrescara. Sacamos la mesa más grande y pusimos el mantel más grande que encontramos.

Comimos mole y frijoles que mi abuelita preparó y ya más tarde mi papá llegó con un chiquihuite llenos de pitayas de varios colores: rojas, amarillas, purpuras. Casi hasta abajo del chiquihuite salieron dos pitayas blancas pero como eran las únicas pues se las dimos una a mi mama y a mi abuelita. Dicen que poco se ven de ese color y que traen buena suerte.

Yo me comí tantas que me dolió el estomago y mi mamá me dio una pildora para que me aliviara que sacó de una caja de un señor que se llama Doctor Ross. Bueno, eso fue lo que le entendí.

Después de la comida mi papa toco su violín y mi tío lo acompaño con su guitarra. Mientras tanto mis hermanos y mis primos jugábamos a escondernos.

Ya mas tarde mi hermana la mayor le regalo uno ramo de claveles rojos a mi mama y uno de blancos a mi abuelita. Como yo no tengo dinero pero quiero mucho a mi mama., le escribí este pensamiento:

“Estas mas bonita que una rosa de castilla, mamacita mía tan querida, perdóname lo mal que me he portado. Madre querida. Dios te guarde muchos años”

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