Corría el año de 1911, concretamente era el mes de Mayo, hacía mucho calor desde Villa del Refugio hasta Moyahua; curiosamente no era solo el clima lo que compartían los pobladores del sur de Zacatecas. También compartían el calor de la revolución mexicana ya que meses atrás en varios de los pueblos ya se habían dado levantamientos armados. En Villa del Refugio no fue la excepción. El 3 de Marzo de ese mismo año Manuel Avila Medina ya con el Grado de Coronel se había levantado en Armas para pelear por la causa Maderista. 
Manuel ya era un hombre entrado casi en los 60 años, muy curtido en el arte de la guerra ya que desde pequeño anduvo ayudándole al General J. Trinidad García de la Cadena en algunos combates de la región. Perspicaz, Alegre y también mujeriego. Tenía hijos regados por toda la región del cañón. A pesar de ser un hombre rudo y combativo también tenía su lado cálido y afable. 

Todos los días antes de salir a luchar en algún combate en las cercanías llegaba con su Mamá Margarita para que ella le diera la bendición. Esto era ya una costumbre, Manuel no salía si no era con la bendición y un beso de su madre.
Así pasaron más de dos años en los cuales ocurrieron una veintena de enfrentamientos, escabullidas y cientos de balazos. “Nunca de los nuncas “ Manuel fue siquiera herido en algún enfrentamiento. 

Muchas personas aseguraban que en ocasiones veían a un niño vestido de un modo muy peculiar montando junto con Manuel, pero que este no les parecía del todo conocido o familiar.
Ya en 1914 Manuel había depuesto las armas y se había retirado a la ciudad de Aguascalientes en donde pretendía iniciar una nueva vida alejado del bullicio de las guerras. Sin embargo el miedo que ocasionaba ese carácter de un eterno renegado que lo caracterizaba permeo en más de un habitante de la ciudad. Fue entonces cuando un propio paisano de la Villa no lo dudo mas y corrió a dar la voz que Manuel probablemente se volvería a levantar en armas. No sabemos si esto en verdad fuera a ocurrir, lo que si es que fue aprendido y fusilado.

La noticia llego a Villa del Refugio y más de uno se sintió consternado ya que había dejado grandes amigos no solo en el pueblo sino en todos los ranchos de los otros municipios, obviamente más de un hijo en uno que otro lugar. 
En los días siguientes muchos de los pobladores acudieron a dar el pésame a Doña Margarita. Todos solo atendían a dar sus condolencias. Pero hubo un señor muy inquieto que no quiso quedarse con la duda y preguntó a la madre de Manuel: 

“Oiga Doña Margarita, quiero preguntarle, ¿Quién es ese chiquillo que siempre andaba montado con Manuel?”
.- ¿Chiquillo?- Replicó Doña Margarita.

“Si, un chiquillo que vestía muy raro y lo acompañaba cuando se iba a los combates”

-Ah ya entiendo, mire, sabe usted, Manuel venia todos los días antes de irse a que le diera la Bendición. Yo le decía lo siguiente:

SANTO NIñO DE ATOCHA, cuida los pasos de mi hijo Manuel, si es posible acompáñalo en su andar, guíalo por el buen camino y no dejes que nada malo le pase. Amén.

Lic. en Psic. Paul Duran Avila.
Cronista Adjunto del Municipio de Tabasco, Zacatecas.

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