Aventura Al Estilo Tabasquense en Silver Falls

Raúl Silva

Viajar y conocer nuevos horizontes suele ser una de mis grandes pasiones, lo mismo disfruto recorrer las avenidas de grandes metrópolis, los callejones de pueblos pintorescos o escalar caminos rústicos en paraísos naturales.

Como cientos de tabasquenses, por azares del destino, hoy me encuentro en el estado de Washington, en Estados Unidos.

En este lugar, que limita con Canadá, guarda una extraordinaria belleza natural semejante a la que rodea el Cerro Alto de mi querido pueblo, Tabasco, Zacatecas. Ambos están plagados de vegetación, con un cielo azul único y con una atmosfera mágica.

El fin de semana largo, por la celebración del Día de los soldados caídos en combate (Memorial Day) en este país, en compañía de familiares y amigos, me embarqué en una gran aventura al aire libre.

Desde el viernes arribamos al Bosque Nacional de Wenatchee Silver Falls. Un grupo números de tabasquenses levantamos un campamento en este lugar enclavado en las montañas de Entiat, Washington.

Los que ahora estamos en esta latitud, no olvidamos las tradiciones de nuestro pueblo, y mucho menos nuestra gastronomía. Degustamos desde tortas de birria, menudo, carne asada, hasta ensalada y elotes cosidos.

Una fogata se convirtió en motivo de reunión en las tardes-noches, en la que chicos y grandes convivimos como cuando se está en familia en Tabasco. No podían faltar el café y el pan dulce mexicano. ¡Delicioso!.

Recordamos viejas anécdotas de Tabasco, de sus calles, casas, el Cerro Alto y El Saltito. De esos días de lluvia en los que uno solía, de niño, mojarse con el agua de la canal, o correr y saltar por las calles mojadas.

Acampar me recordó aquellas veces que voy con mi familia en la peregrinación a pie que sale del pueblo hacia Temastián, Jalisco. El clima estuvo frío por la noche y arreció por la madrugada, pero estos momentos fueron grandiosos.

En la inmensidad de la noche se escuchaba el rugir que provoca el agua cuando se golpea entre las rocas. Desde lo más alto de la montaña desciende un pequeño río que forma una cascada.

Nuestro espíritu aventurero despertó y algunos integrantes del grupo decidimos explorar las márgenes del río Columbus y escalar los cientos de escalones que están a orillas de la cascada de la montaña.

Estar ahí entre la naturaleza, los recuerdos de mi pueblo me trasladaron al Saltito, esa cascada que baja al arroyo El Laurel en temporada de lluvia, y que todos los habitantes de Tabasco han visitado alguna vez en su vida.

La imponente belleza de ambos lugares es similar, rodeada de grandes rocas que forman una especie de rompecabezas geométrico con triángulos, rectángulos, cuadrados, octágonos. Algunas de ellas cubiertas con una fina capa de musgo verde amarillento.

Las formas rocosas son tan parecidas a las que hay en El Saltito, lisas y talladas por la misma naturaleza para poder caminar, subir o trepar hasta lo alto del Rancho de Los Frías.

En la cascada del Saltito y la de Silver Falls, saltan miles de gotas que mojan a veces fuerte y otras ligeramente, acompañado de ese aire fresco que relaja, renueva, cura y recarga de energía.

En la parte baja de la montaña de este bosque nacional se encuentra el área para acampar (Silver Falls Campground) y la entrada al lugar parecía una réplica de la entrada del Chique.

Los tabasquenses de aquí convivimos como en una comuna. Rodeados de pinos grandes jugamos lotería, contamos historias y chistes, comimos mucho ¡me divertí a lo grande!

Al final de nuestra travesía, juntos recogimos el campamento, juntamos la basura y partimos en caravana…

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