Que'sque la mano peluda, mangas que!.


Sí, aquella con la que nos asustaban para que ya nos durmiéramos a la menguante flama de aquel mechón de petróleo, y en duro tepetate sobre un seco y tieso cuero de cerdo solo cubierto con una raída sabanita.

Esa no estaba tan tenebrosa!.

Por cierto esta noche está bien llenito ese bote de a litro que compone al mechón, pues mi 'ama me mandó en la tarde por pretolio.

Venga pa' ca muchacho argenudo!.

Vaya y búsquese una botella de caguama allá por los gallineros y bótese a traer un litro allá con Don Tiburcio.

Así que por eso les digo que esa mano pachona no me asustaba...

Para peludas, las manos de mi tía Nicolasa- aquí entre nos, se encanijaba que le llamáramos así, pos desde que se fue p'al norte hace dos años, regresó auto llamándose Nicky; salúdeme muchachillo jodido que no me conoce? Soy su tía "Niqui" y es que como reconocerla si andaba peinada y con el pelo güero como el potrillito de mi tío Mateo que recién había nacido unos días antes -.

Si, asi era mi tia Nicolasa que tan ricas tortillas hacía en aquel su desgastado metate y que de repente nos salía un pelo de elote al morderlas pero se nos afiguraba que era alguno de ella, eso hacía que lo removiéramos con cierto temor y lo examináramos muy minuciosamente hasta cerciorarnos que sí era de elote y seguir engullendo aquel mordisco interrumpido.


Y también así tenia las zancas, y se preguntaran ustedes como sabía yo tal cosa, pues eso fue casualidad, todo pasó un día que se le atoro su enagua en un garruño y se la levanto un poquito.

Ándale mijo acomídete a desatórame mis naguas de ese endino garruñillo.

Aquello no fue nada agradable, asta se me afiguraron a las patas aquellas del puerco arestiniento que tratábamos de engordar para darle matarile el día que por fin viniera mi hermano el norteño.


Ambas cosas que serían casi imposibles; el puerco estaba aterrado decía mi madre.

ese puerco puro tepetate traga por eso está todo ñengo!.


Y pues por lo de mi hermano estaba más canijo pues qu'esque no tenía papeles.


Carnal, vente así acá tenemos muchos papeles le dije algún día que mi madre me dejo hablar con él en aquel teléfono negro y pesado de la cabina de con Don Pancho.

No sé porque yo lo escuchaba por mi boca y nada por las orejas y solo me repetía, hey carnal no te entiendo te hoyes bien lejos!.


Pensé yo que era por eso, pues estábamos lejos.


Hasta que la señorita que atendia la cabina muy amable y con una reprimida sonrisa burlona me acomodo el auricular dándole vuelta.


'Ora si te oigo carnal!.


Menso lo tenías al revés 'eda?.


Y cuando vas a venir carnal?.

Dije tratando de ignorar su comentario a mi acto de desconocer aquella temprana tecnología,
y a la vez visualizando a aquel puerco flaco que no engordaba nada y no sabía si habría tiempo para agasajar su regreso a nuestra casa.


Así estaban de peludas las zancas de mi tía, aquellas patas que rompían ramas de huizache de un solo pisotón cuando íbamos a las tunas y ella me hacía un tercio de leña.


Ándale mijo, llévate un tercio de leña para cocer la carne de surco, me decía mientras un sudor espeso y cafezoso resbalaba de arruga en arruga camino abajo de su sucia y quemada frente del sol de mediodía.


Traite el guaje mijo, allá esta en aquel mostoche, como que traigo sequio.


Me dijo mientras se sacudía a pisotones unas chicatanas que trataban ya de escalar sus patas una vez que ya habían pasado sobre sus huaraches se hule rositas.


De camino de regreso yo fijaba mucho mi vista en los pasos de mi tía y a veces la veredita se perdía y avanzábamos entre pegajilla y abrojos y juro por el santo más venerado de estas tierras que se le pegaban a las zancas pero ella ni se inmutaba, seguramente ni su piel lograban herir.


Pobrecita de mi tía nunca se casó, no sé si por su aspecto o porque pedía muncho pues algunos novios le conocí que allá por las sercas de piedra de su corral le silbaban ya de obscurito.


Pero ella ni se inmutaba más bien los engañaba y de algunos zancasos se encaminaba cerca a ellos con alguna cubetita o cualquier vasija vieja y sin decir agua va les aventaba nejayote hasta l’otro la’o.


Ah jiju ‘e la mañana canija Nicolasa ya me pasates a perjudicar, pero que malora eres!.

y se alejaban sacudiendo a manotazos la copa de su ancho sombrero de aquella substancia amarillenta y espesa.


P'a que no anden de vola'os, bola de indinos, que aprendan que soy mujer honrada a'nque probe pos que'seso di andarme chiflando, ni que juera yo su mula!.


Un día de casualidad, y juro que fue mera casualidad, estaba mi tía en el arroyo de mi pueblito después de lavar, pues tenía su chiquigüite lleno de garras mojadas, sentada a dos nalgas en una piedra lisita bañándose según ella, claro está que con t'oy ropa, se aventaba puños de jabón Roma en polvo y le tiraba un jalón a las ramas de los jaralitos para restregarse su bonachón cuerpo peludo y las hojitas se entreveraban en su pelaje, todo esto yo lo admiraba sin intención mientras mi burro tomaba agua cristalina de aquel arroyo y yo aunque me negaba a mirar la curiosidad me ganaba, pero créanme que es la purita verdad.


Pues ese día que iba yo por el callejón a traer el petróleo para mi mama me asome por aquella serca llena de enredadores que daba al patio de mi tía Nicolasa y mire una mediesota de aquellas de acrilán entreverada en las ramas, toda llena de pelos, juro que la confundí con algún echadero de gato de esos que estan pelechando.


No pos p'a peluda mi tía Nico!!!!

Vistas: 54

Comentario

¡Tienes que ser miembro de Club Tabasco Zacatecas para agregar comentarios!

Únete a Club Tabasco Zacatecas

VISITANTES


© 2017   Creada por zacatecas.   Con tecnología de

Insignias  |  Informar un problema  |  Términos de servicio